jueves, 3 de noviembre de 2011

EXPOSICION DE ETICA PROFESIONAL

LA  CULTURA PROFESIONAL 


Es una sensación privilegiada y una satisfacción indefinible pertenecer a un claustro universitario, cuando la colmena humana esta rebosante de nobles actividades e inquietudes, pero  es penoso confesar la increíble orfandad espiritual de los alumnos  por la casi total carencia de cultura.
Entre los profesionistas de cierto renombre, aun entre los mismos titulares de las cátedras universitarias han bajado tanto los niveles de la cultura, que no nos sorprenderían, sí sobrevinieran ciertas catástrofes inminentes.
 Ya se ha comprobado y proclamado en todos los tonos que el profesionista es el gran ausente de nuestra civilización y el gran tránsfuga de todas las responsabilidades sociales; tanto más censurable cuánto que él es, en casi todos los casos, el protagonista y el autor del nuevo orden que columbramos.
Es pues, la cultura una permanente maduración espiritual, orgánica y progresiva; qué necesita el concurso de las humanidades y de las ciencias experimentales, como orientación inicial de una evolución íntima que sólo termina con la existencia. La filosofía nos crea el gusto y la necesidad de la verdad, belleza y perfección. Las letras nos ponen en posesión de los elementos formales de esta trilogía.
Queremos advertir los peligros de una formación mutilada y deficiente en estas materias: el peligro de de la cultura, el peligro de la pedantería  y del resentimiento. 

Unilateralidad:                                                                                                                            No puede ser nuestra  intención recorrer y analizar todos los peligros de desviaciones, astigmatismo y espías intelectuales que retardan o alteran el proceso cultural. Pero sí queremos mencionar una especie de daltonismo o ceguera cromática producida en la inteligencia por la unilateralidad de la cultura.
La cultura occidental o cultura a secas, ha tenido siempre como característica la universidad, no lo cuantitativa (por la cantidad de los conocimientos) si no la cualitativa (por la unidad total de los conocimientos en la síntesis de la verdad, la bondad y la belleza dentro de la realidad y la claridad). 
Tomemos como ejemplo EEUU que desborda ríos de publicaciones y facilidades culturales en inglés, en donde se puede reducir inconscientemente el perímetro y el sentido universal y latino de la cultura. No es que digamos que en estados unidos no hay cultura puesto que en sus viejas universidades hay un renovado afán e  interés, no solo por las lenguas tradicionalmente humanísticas, sino por los valores eternos de la verdadera cultura. 
Gracias a este concepto decimos dos cosas: 
Primera que la tendencia General no es favorable  para ninguna lengua que no sea el inglés.
La segunda que casi la totalidad de estas publicaciones solo y siempre contienen el pensamiento de autores estadounidenses en donde solo hablan y tratan de la problemática de su país tratando al modo estadounidense cualquier otro asunto. 
Si la lengua inglesa obligatoria es una innegable facilidad para el acceso al mundo científico, la negligencia en el estudio de nuestra lengua y el desconocimiento de las clásicas disciplinas humanísticas nos traerían irremediablemente la unilateralidad, la mutilación de la cultura y el confinamiento intelectual. 


La pedantería: 
Salta a la vista en el vocabulario exótico nebuloso y cursi que usa constantemente el autoformado y con el exhibicionismo morboso con que tratan de aureolar todos sus movimientos. Creemos que a nadie escapa observar que en la actualidad es una de las epidemias que socialmente padecemos. 

El resentimiento: 
Es de pronóstico reservado, sus raíces suelen estar en la infancia cuando los Propios Padres han creado un complejo de superioridad prodigando a diestra y siniestra desmesuradas alabanzas el supuesto talento, o por el contrario han desencadenado una secreta amargura que empobrece cualquier luminosidad juvenil en donde actúan armas como la burla despectiva o la postergación indiferente. El resentimiento es compatible con el talento y en esto está precisamente la dificultad de un válido proceso cultural.  
El síntoma más común en la manifestación de tales trastornos intelectuales es la acumulación masiva y confusa de conocimientos de la cual emergen tumultuosamente los nombres más extraños y las expresiones más bizarras. 
Pero nada tiene que ver con la cultura, por más que ella nos obligue  ampliar  permanentemente nuestros conocimientos, ya no es posible lograr un universalismo, de los antiguos filósofos. La cultura no engendra  genios y nadie llega a serlo por el mero hecho de quererlo con toda el alma. Queriéndolo sin serlo solo se llega a ser ridículo. Cuando lo anterior ha sido asimilado con humildad y reverencia  surge espontáneamente en el espíritu la armonía y el equilibrio. Esto es la cultura que se logran con el sudor del propio esfuerzo y la sangre de los propios renunciamientos y sacrificios. 

Será un deber la cultura profesional?  
Hay una cultura opcional que constituye lo que llamamos refinamiento, que generalmente presupone aptitudes y aficiones más o menos temperamentales. Pero hay una cultura obligatoria, que es un deber ineludible de nuestros profesionistas, si no quieren ser simples espectadores inertes de la civilización moderna en donde actúa la cultura moral con el conocimiento de los deberes de estado y problemas educativos y la cultura social con un sereno dominio de los problemas políticos y económicos, y un contacto amoroso con la vida de sus conciudadanos. 
Por último en la medida que un profesionista se atrinchera y se encierran en su técnica y no la trasciende constantemente no sobrepasa mucho la categoría del animal bien amaestrado.
Sometiendo a la técnica a las exigencias de los valores universales y usando de la cultura para desarrollar las inmensas virtualidades humanas, consolidándolas y definiéndolas solo  así habrán justificado los sacrificios familiares, el privilegio de ser universitarios y la prerrogativa de ser los gestores de un mundo mejor.  

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